For press interviews with Alejandra, contact nicole [at] sanctuarphiladelphia.org. 

(Espanol abajo)

Good afternoon. My name is Alejandra Mota, I’m a member of Visitation BVM Church and a leader of New Sanctuary Movement where we fight for the rights of immigrants in Philadelphia.

We’re going to take 10 seconds of silence to unite our hands and faith to ask for a miracle for all the immigrants experiencing difficult situations rights now. We especially pray for Rosa Robles Loreto who hasn’t left a church in Tucson for more than a year because she’s in Sanctuary so she won’t be deported and separated from her family.

It’s an honor and a priviliege to be here representing the voice of more than 11 million undocumented people in the United States.

It was very difficult to decide to come to the United States leaving our lives behind in our country, our family, our histories, with only a small piece of ourselves here. When I decided to come to the United States it was because I wanted my family to be together. My husband had already come here to work for a year and I came for what was supposed to be a short time and then I would return to Mexico to live with my son. It’s already been 12 years and I haven’t been able to return. My family is broken; I have children here and my oldest son is still there, far from us. Perhaps he doesn’t even see us as his parents because he hasn’t had us close to him.

The last memory I have next to my family is my father and 8 month old son saying goodbye to me at the bus station. I left with an unimaginable pain. This isn’t only my story by the story of 11 million of us who have immigrated looking for a way to bring bread to our families’ tables, a roof to live under. We don’t seek luxury or great wealth, much less taking advantage of anybody, just the ability to fulfill our families’ basic needs.

Today, deportations and family separation are constant without regard for the pain and trauma it causes in families, to children, to homes, and to communities in general. Thousands and thousands of our brothers and sisters have been torn from their families because of inhumane deportations.

I’m an immigrant and for many years I was undocumented. When my husband was confused with someone else escaping from the police and was beaten and incarcerated, I had to find courage I didn’t know I had to fight for justice. My family was on the point of being destroyed forever.

I found courage when I saw my children suffering because of their dad. My kids were 5 and 3 years old and were terrorized at the thought of not being able to see their father ever again and they asked for him every day. My daughter suffered because her father wasn’t there at her graduation from kindergarten. My husband was facing a life sentence because the police changed the story and accused him of attacking a police officer when in fact it was my husband the police attacked. From our own lived experience of injustice, I learned that even though I was undocumented and didn’t have papers, although I felt that I didn’t have power to defend my husband’s innocence, I can and I should fight back.

I had to go to court and trembled in fear when I had to testify because of the risk that immigration officials would come to court looking for us. In the name of God I decided to go and it was my courage, the strength of my church, and the strength of the faith of others in New Sanctuary Movement that helped us gain justice. I felt protected and empowered by a big faith community. And we won.

Pope Francis’ message gives me a lot of hope and I hope that his call has a big impact on the hearts and minds of those working in the Congress of the United States. I hope that soon we will have an immigration reform for all so that my brothers and sisters of faith can all benefit, so we can go back to our home countries and hug our loved ones, see our children, parents, siblings once again, and pick up our the lost pieces of ourselves.

My biggest fear is that my father will leave this earth without me having the chance to reconcile with him for the errors I made during my youth.

An inclusive immigration reform will permit us to keep growing this country with our work because we’ll be healthier both mentally and spiritually.

I invite my immigrant brothers and sisters and our allies to put our faith in action to make changes in the lives of immigrants. We will continue organizing ourselves to educate politicians about who we are, what we do, why we’re here, and why we all have the right to life with dignity and without fear like human beings from God, living on an earth created for all of us.

Now we’re working for driver’s licenses in Pennsylvania so we are able to get around and drive without fear. A driver’s license will bring safety for all, support the economy of Pennsylvania, and will allow immigrants to accomplish our daily needs like taking kids to school and getting to the doctor and work. Let’s organize, put our faith in action, and in doing so inspire others to be able to change the laws and create justice.

Thank you.

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Buenas tardes mi nombre es Alejandra Mota, soy miembro de la iglesia visitación,  líder del Nuevo movimiento Santuario y luchamos por los derechos de los inmigrantes en Philadelphia.

Vamos a tomar 10 segundos de silencio para unir nuestras manos y nuestra fe para pedir por todos los inmigrantes pasando por diferentes situaciones en este momento para que ocurra un milagro en sus vidas.   Y especialmente pedimos por Rosa Robles Loretto quien no ha salido de su iglesia por más de un año donde está tomando Santuario para no ser deportada y separada de su familia.

Es un honor y un privilegio para mi estar aquí hoy representando la voz de mas de 11 millones de inmigrantes en los Estados Unidos.

La decisión de venir a los Estados Unidos es una decisión muy dificil, dejamos nuestras vidas en nuestros países, nuestra familia, nuestras historias, solo un pedazo de nosotros esta aca.

Cuando yo decidí venirme a Estados Unidos fue porque quería tener una familia unida, mi esposo vino a trabajar por un año y yo me vine para acortar ese tiempo y regresar a Mexico para vivir a lado de nuestro hijo. Ya han pasado 12 años y no he podido regresar, mi familia esta rota de todas maneras tengo mis hijos aca y mi hijo mayor aun esta allá, lejos de nosotros, el quizá ni nos ve como sus padres porque no ha tenido nuestro calor.

El último recuerdo a lado de mi familia que tengo es mi padre y mi hijo de 8 meses despidiéndose de mí en la estación de autobús. Yo partí con un dolor inexplicable. Esta no es solamente mi historia es la historia de mas de 11 millones de personas que emigramos buscando traer el pan a las mesas de nuestras familias, un techo donde vivir, no buscamos lujos ni riquezas, ni mucho menos aprovecharnos de nadie solamente llenar las necesidades básicas de nuestra familias.

Hoy en Día Las deportaciones y separación de familias se dan a la luz del día, sin importar el dolor y el trauma que causa a las familias, a los niños, a los hogares y a la comunidad en general. Miles y miles de nuestros hermanos han sido arrancados de su familia por la inhumana deportación. Yo soy inmigrante y he sido por muchos años indocumentada. Cuando mi esposo fue confundido con un persona escapando de la justicia, golpeado, y encarcelado yo tuve que sacar valentía de donde no lo tenía para paliar por lo justo. Mi familia estuvo a punto de ser destruida por siempre.

La valentía me salió de ver a mis hijos sufriendo todos los días por su papa. Mis hijos de 5 y 3nhos estaban aterrorizados de no poder ver a su papa nunca mas y preguntaban por el todos los días. Mi hija sufría porque su papa no iba a estar presente en su graduación de Jardín.  Mi esposo iba enfrentar una condena de por vida en prisión porque la policía cambio la versión y se le acuso de haber atacado a la policía cuando al que atacaron fue a el. De la experiencia de injusticia que vivimos aprendi que aunque uno sea indocumentado y no tenga papeles, aunque sienta que uno no tiene poder de defender la inocencia de uno puede y debe hacerlo.

Yo tuve que ir a la corte, yo temblaba de miedo el dia que me toco testificar, con el riego de que inmigración llegara a la corte por nosotros. En el nombre de Dios decidí ir y fue mi valentía, la valentía de mi iglesia, la valentía de otros miembros de fe de parte de Nuevo Santuario de nos ayudaron a hacer justicia. Yo me sentí protegida y empoderada por una gran comunidad de fe. Y ganamos.

Me da mucha esperanza el mensaje del Santo Papa Francisco y espero que su llamado tenga un gran impacto en las mentes y corazones de quienes trabajan en el Congreso de los Estados Unidos. Espero que pronto podamos tener una reforma migratoria para que así todos mis hermanos en la fe puedan beneficiarse, para que todos podamos regresar a nuestros países a abrazar a nuestros seres queridos, a reencontrarnos con nuestros hijos, padres, hermanos, y podamos recoger las pedazos de nosotros.
“Mi miedo más grande es que mi padre se vaya de este mundo sin yo haberme reconciliado con el por mis errores y caprichos de juventud.”

Una reforma migratoria inclusiva nos permitirá reforzar este país con nuestro trabajo, porque estaríamos más sanos mental y espiritualmente.

Mientras tanto hago una invitación a todos mis hermanos inmigrantes y aliados a poner nuestra la fe en acción para lograr cambios en las vidas de los inmigrantes, a continuar organizándonos para educar a los políticos sobre quienes somos, que hacemos, porque estamos aquí, y porque tenemos la necesidad de vivir dignamente y sin miedo como seres humanos hijos de Dios habitando en la tierra creada para todos.

Ahora estamos pidiendo una Licencias de Conducir en el Estado de Pennsylvania para que nos permitan movilizarnos y manejar sin miedo. Una licencia de conducir traerá seguridad para todos, apoyara a la economía de Pennsylvania y permitirá a los inmigrantes hacer sus tareas diarias como llevar los niños a la escuela, al medico, y llegar a su trabajo. Organicémonos, pongamos la fe en acción y asi  inspiraremos a otros para lograr cambiar las leyes y hacer justicia.
Muchas gracias.